domingo, 13 de abril de 2014

De estreno.

Acabo de enredar la última de las cuerdas nuevas a mi vieja guitarra acústica. Apenas las empiezo a trastear cuando las oigo brillar como nunca volverán. Suenan parecidas a ese pseudoalgo que dejaste aquí dentro sin estrenar. Ese algo que, por algún motivo, decidí no tocar, por si decides volver a por ello. Lo encontrarías intacto, tal cual lo dejaste antes de irte. Sin abrir, sin usar. Sabrías que estuvo en buenas manos. Y que aunque no sea mi especialidad, sé tener los pies en tierra. Improvisando acordes me planteo dónde estará el secreto, cuál será la cadencia perfecta para acariciarte el alma, sin siquiera conocerla. Y me cuando ella sin esperarlo siento que entre las cuatro paredes de este cuarto sólo esté yo para oírlas. Y me pregunto qué dirías. Porque sé que con las seis cuerdas podría romperte las barreras. Ya ganaron otras guerras. Cada una de ellas tiene su magia y su esencia. Pena que no sean eternas. Y que tarde o temprano, si ven que no regresas, se empezarán a oxidar. Y poco a poco las oiré sonar, pero esta vez afónicas. O simplemente, cansadas.

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