Ahora que las preguntas y las respuestas están condenadas a permanecer aquí dentro, bien guardadas, donde nadie pueda verlas, he decidido acogerme a la mínima probabilidad de que acabes aquí. Mi conciencia trata de convencerme diciendo que tarde o temprano no vendré a escribir nada sobre ti, pero hay días como hoy en que deja de mentir, para intentar desesperadamente soltar aquí y ahora todas las palabras que me queman, esas que seguramente no deseas escuchar y que, de otra forma, no tendré ocasión de pronunciar. Después de todo, la magia de este lugar radica en ese margen de error, en esa posibilidad ínfima de que mis palabras lleguen a su puerto. Sé que lo más sensato sería guardarme para mí todo lo que te escribo y quemarlo en mi particular hoguera de San Juan, pero no sería fiable un mensaje resguardado por la certeza de tu inaccesibilidad completa. Necesito encontrar la pieza de tu ser que no cuadra en mis esquemas; y arrancar, de la primera a la última, cada página del libro en blanco que no llegamos a escribir.
Últimamente nada es seguro y ya ni la esperanza me mantiene a flote. Lo curioso es que no me termino de hundir, está siendo dolorosamente lento. Trato de buscar un buen final... O no tan bueno. A veces me da por pensar que todo sería tan fácil como que decidieras abiertamente dejarme atrás. Llegados a este punto, no sólo me doy cuenta de que he perdido completamente el temor a caer de bruces dentro del abismo, sino que además, cuanto antes caiga, mejor. Y sin embargo, miento si no admito que lo digo con la boca pequeña, porque vivir entre tus incertidumbres y tus inviernos duele, pero duele más una existencia sin ti. Sí, también confieso que me sigue ganando la idea de que lanzar todo al vacío sería demasiado fácil. Inconscientemente prefiero refugiarme en estas palabras desafortunadas que caen desde mi mente y que nadie entenderá. Ni tú. Y al final me vuelvo a sorprender reclamando mi derecho a ser errática, impaciente, voluble y frágil. Negándome dejar de vivir en el temor constante por lo que pueda ocurrir mañana. Buscando algún motivo que pudiera haber quedado disuelto entre desayunos de incierto. En definitiva, me resisto a deshacerme de todo lo desagradable en vez de aprender a vivir con ello. Tampoco me deshago de las intrigas condenadas, al parecer, a permanecer deshechas en forma de cabos sueltos dentro de mí, que se apagarán dejando paso a futuros que no nos conocerán y que no conoceremos… Y que ya echo de menos. Aprendí a andar con dudas en los zapatos. Dudas que, se multiplican como una plaga y cada día rozan mas. Camino a sabiendas de que hay cosas que nunca aprenderé a soportar. Y de que habrá una nueva herida por cada paso en cada día que no estarás.
Es fácil admitir un error, más difícil enmendarlo. Darlo todo a cambio de un reflejo de lo que pudiste ser. La duda llega cuando pasa el tiempo y te preguntas si ha sido coherente y correcto jugársela a todo por tu sonrisa. La respuesta no tarda en llegar, por ti todo hubiera valido la pena.
Sin embargo, una visión bastante cínica de la realidad consigue interponerse con éxito entre mis sueños y lo que yo pueda hacer por ellos. Se me acaban los cartuchos y me convierto en una minúscula lágrima que cayó al fondo del mar y que, desde la inmensidad del océano, se ve incapaz de demostrar que no es como las demás. Que su naturaleza es distinta. Me siento como una mentirosa compulsiva a la que nadie creerá y hasta trato de evitar el tema. Sí, yo, Doña 'Quién no arriesga no gana', he entendido que, en este caso, nadie dará valor a lo que reside en mi interior, ni lo valorará para comprobar que realmente era tan atroz como trataba de explicar. Porque no es convencional. Porque no es cotidiano. Porque construí alrededor de tu pelo una historia paralela al mundo real. Porque no nos conocemos en el sentido que a la palabra se le suele dar, y ¿por cuántas cosas mas? No lo sé. Que le den a la poesía y a las palabras bonitas. Cómo me jode no poderte tener.
Pero más allá de las palabras, estaría bien que alguien por casualidad tuviera ocasión de probar mi saliva estos días. Desde luego, no hay duda de que se sorprendería al comprobar que existan sabores tan drásticos, sabores adulterados por imposibles que tienen nombre, seguramente también apellidos y un único destino reservado, como no, en el cajón de los imposibles, y de lo que no es de bien echar de menos. Después de meses de silencio, supongo que el sarcasmo y la ironía harán el resto.
La única cosa que me queda clara es que, las reglas del destino en las que tanto suelo creer, si bien aciertan de cuando en cuando, la mayoría de veces sólo son una sarta de incoherencias caóticas y prueba de ello es que este mundo está lleno de personas cuyos caminos no se cruzarían ni en un millón de años y que, sin embargo, necesitan estar juntas. Nadie conseguirá hacerme creer que el magnetismo de los polos opuestos de dos imanes lejanos no es real, sólo por el hecho de que nadie los vió unidos jamás. Como nunca aceptaré que puede haber tanta química entre dos miradas que nunca podrán estar a menos de 10 cm de distancia. Nunca lograré entender porqué existen los imposibles.
Para terminar, mi deseo para ti, si decides quedarte en nada, si al final nunca me llegas a encontrar... Que hasta el último día todos tus sueños tengan la textura de lo real.
Sin embargo, una visión bastante cínica de la realidad consigue interponerse con éxito entre mis sueños y lo que yo pueda hacer por ellos. Se me acaban los cartuchos y me convierto en una minúscula lágrima que cayó al fondo del mar y que, desde la inmensidad del océano, se ve incapaz de demostrar que no es como las demás. Que su naturaleza es distinta. Me siento como una mentirosa compulsiva a la que nadie creerá y hasta trato de evitar el tema. Sí, yo, Doña 'Quién no arriesga no gana', he entendido que, en este caso, nadie dará valor a lo que reside en mi interior, ni lo valorará para comprobar que realmente era tan atroz como trataba de explicar. Porque no es convencional. Porque no es cotidiano. Porque construí alrededor de tu pelo una historia paralela al mundo real. Porque no nos conocemos en el sentido que a la palabra se le suele dar, y ¿por cuántas cosas mas? No lo sé. Que le den a la poesía y a las palabras bonitas. Cómo me jode no poderte tener.
Pero más allá de las palabras, estaría bien que alguien por casualidad tuviera ocasión de probar mi saliva estos días. Desde luego, no hay duda de que se sorprendería al comprobar que existan sabores tan drásticos, sabores adulterados por imposibles que tienen nombre, seguramente también apellidos y un único destino reservado, como no, en el cajón de los imposibles, y de lo que no es de bien echar de menos. Después de meses de silencio, supongo que el sarcasmo y la ironía harán el resto.
La única cosa que me queda clara es que, las reglas del destino en las que tanto suelo creer, si bien aciertan de cuando en cuando, la mayoría de veces sólo son una sarta de incoherencias caóticas y prueba de ello es que este mundo está lleno de personas cuyos caminos no se cruzarían ni en un millón de años y que, sin embargo, necesitan estar juntas. Nadie conseguirá hacerme creer que el magnetismo de los polos opuestos de dos imanes lejanos no es real, sólo por el hecho de que nadie los vió unidos jamás. Como nunca aceptaré que puede haber tanta química entre dos miradas que nunca podrán estar a menos de 10 cm de distancia. Nunca lograré entender porqué existen los imposibles.
Para terminar, mi deseo para ti, si decides quedarte en nada, si al final nunca me llegas a encontrar... Que hasta el último día todos tus sueños tengan la textura de lo real.
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